viernes, 3 de junio de 2011

Independecia Molar

Hace muchos años, una muela cualquiera de una boca cualquiera, enfermó gravemente. Un germen en forma de caries comenzó a revolucionar su sistema natural. Antes de eso, el molar en cuestión vivía en paz, en armonía con sus vecinos, arraigado a sus raíces, y muy seguro de donde estaba.

Comenzó a padecer, dolores punzantes afectaban su organismo, sus compañeras le preguntaban de qué se trataba el dolor, pero no sabía expresar si se trataba de un apretón o de un estirón, disyuntiva que casi le causa la muerte.

Gracias a Dios recibió asistencia, un ente extranjero incursionó en su territorio. Se procedió a la intervención del territorio y podemos recordar que fue una guerra macabra que cobró el 35% de la superficie de la muela, hubo muchas bajas y heridos, ríos de sangre sacudieron las encías, fue una operación táctica con muy poca anestesia.

El molar dio sus declaraciones a un diario local, el reportero que se encargó de llevar a cabo tal historia, Don Lengua, nos cuenta de qué se trataba: “Fueron tiempos de mucha incertidumbre por parte de toda la región, la pobre muela estaba sitiada, pero ella se lo buscó, por no evitar que ese germen, esa caries la infectara, no sabíamos que pasaría, fue una guerra del tipo vietnamita, lucharon a través de los conductos y la dejaron inutilizada, unos dicen que le habían arrancado el nervio de raíz, otros dicen que aún pasado los años, esta aún sentía”.

La intervención duró aproximadamente 3 consultas en dos semanas, que para el tiempo molar significa unos 57 años. Fue una larga y tediosa guerra, todo se calmo por un tiempo, pero la muela quedó muy afectada. Procuraron una leve reconstrucción pero esta no fue suficiente.

Una relativa calma reinó por mucho tiempo, un par de años, nadie sabía nada, nadie sospechaba de nada, el molar estaba prácticamente inactivo, sus compañeros lo cuidaban y le daban de comer, se portaron bastante bien con él. Pero pronto volvió a sucumbir, como se esperaba, sus cimientos no eran lo suficientemente fuertes ya, y sus paredes comenzaron a caerse, sus vecinas más cercanas se asustaron, el terror estaba justo en frente de sus fronteras, aunque le tenían mucho cariño a esa vieja muela, no querían arriesgarse, no sabían que podía haberse quedado encerrado dentro de ella, comenzaron las señales de alarma, más valía prevenir que lamentar.

Una nueva incursión, un nuevo ataque extranjero, comenzaron las evaluaciones. El reporte final indicó que no había nada, pero que el molar estaba bastante débil, las heridas del pasado lo tenían muy debilitado, no querían acabar con él, procedieron a reconstruirlo de una mejor manera, supuestamente.

Vinieron tiempos de corrupción, el dinero invertido en los trabajos de reparación no fueron bien empleados e hicieron un mal trabajo, en pocas palabras: “la parapetearon”, comienzo del fin para tan luchadora muela.

Como se esperaba todo fue para mal, el molar sucumbió y cayó, no había nada que hacer, estaba agonizando, y pidió con todas las fuerzas su libertad, quería irse de ese lugar, dejar de sufrir, no volver a molestar. Sus muelas amigas entendieron tal situación y le apoyaron, le apoyaron como nunca y le dieron fuerzas.

Una última intervención, se requirió de mucha fuerza para poder extraerla, pues a pesar de todo el daño que había sufrido con el pasar de los años y el mal estado que presentaba, esta poseía unas raíces muy fuertes, pero estás mismas entendieron que ya era la hora de dejar de sufrir y partieron, la muela era libre al fin, tal vez no en este plano, sino en otro, en otro donde estaba completa y mordía y colaboraba en infinita felicidad.

Tiempos de cambio se vislumbran, algunos hablan de una represión por algunos años que evitara que aquellos dientes de abajo pierdan sus posición y se corran, otros hablan de instaurar una pieza regente en el lugar de la anciana y extraída vieja, otros son más esperanzados y dicen que hay unas muelas de repuesto, que ellas, podrán ejercer el control necesario, con ayuda del exterior todo volverá a ser como antes, ya veremos, esperemos que sí, todo pareciera un misterio, pero en los sueños de los dientes cordiales, en su corazón sienten que vienen las cordales.

lunes, 30 de mayo de 2011

Manos blancas

Cuatro años y un par de días han trascurrido desde el cierre de Radio Caracas Televisión. Cuatro años y un par de días donde el pueblo venezolano se ha visto obligado a mirar a través de las vendas que intentan tapar sus ojos. 4 años y un par de días en los que hemos tenido que escuchar verdades a medias, o al menos susurros de libertad en un país viciado por las malas mañas y las podridas costumbres encontradas en el poder supremo de unos cuantos.

Aún recuerdo el 2007, tiempos de lucha. Un día como cualquiera de principios de ese año, llegamos muchos a nuestras respectivas casas de estudio, era una mañana normal, como cualquier otra. Se vislumbraba la sombra oscura del absolutismo, como se ha mantenido desde el mero comienzo de la gestión "revolucionaria". Pero las amenazas de esos tiempos no eran más que los cuentos del "Coco" y de la "sayona" en la prensa nacional. Pero era inevitable en esa época de cambios y de gran impacto social, que se atacara a lo más preciado de la soberanía nacional: la libertad de expresión.

Se convocaron asambleas en todas las universidades que defienden la libertad del pensamiento a nivel nacional, todos los estudiantes, profesores, personal administrativo, obreros y familiares, todo el pueblo conciente venezolano en sí fue abofeteado por una cruda realidad: uno de los últimos bastiones de la libertad era amenazado de cierre, comenzaba el conteo regresivo, como si se tratase de un prisionero condenado a muerte. Radio Caracas Televisión, de un día a otro, estaba, como decimos comúnmente: "en pico e' zamuro".

Comenzaron los susurros, esas peligrosas palabras a mediana voz que despiertan el interés de las masas. Las universidades vibraban por los murmullos que se creaban dentro, los corazones palpitaban, la sangre hervía, la sed de libertad se notaba en las gargantas de todos aquellos que sentíamos a Venezuela como una madre, como la más importante de todas las universidades.

Y nos organizamos, aquellos que se pensaban callados, tímidos y taimados. Los últimos a los que, aquellos sentados en sillas forradas en telas finas y con desayuno de reyes, almuerzos de príncipes y cenas de gordos condenados por el colesterol alguna vez pensaron. Se sentía el clamor en las calles, la gente sabía que algo se estaba cocinando dentro de los salones de clases, era inevitable ignorar que esas voces, alguna vez calladas y calmadas se estaban levantando. Salimos los jóvenes, los estudiantes, los máximos representantes de la patria de José Félix Ribas, los hijos venezolanos renovados de la generación del 58.

Al principio no nos tomaban en cuenta. Normal, era de esperarse, pero el movimiento estudiantil poco a poco tomaba las calles, jóvenes de todas las clases, colores y religiones, sin exclusión alguna, luchando por nuestros ideales, por una patria digna, corazones palpitando al unísono y aún cuando todos parecíamos distintos teníamos algo inconfundible, todos venezolanos, venezolanos con las manos pintadas de blanco.

Y salimos, creamos conciencia, protestamos, luchamos en contra de aquello que estaba y sigue estando mal. Consignas, pancartas y piedras contra armas sofisticadas, perdigones, equipos antimotín, bombas lacrimógenas y mucho más. Estábamos en desventaja, pero contábamos con algo que ellos no se esperaban: inteligencia y el apoyo de todo un pueblo que comenzaba a despertar. Madres que sabían que sus hijos estaban en las calles, arriesgándose por un sueño, así como salimos todos los días, buscando encontrarnos con el futuro de frente.

Mostramos signos de paz, gritamos por un cambio, peleamos como un solo pueblo, bajo el sueño de Miranda, refugiados en las palabras de Bolívar y en una constitución marchita e irrespetada pero que nunca nos dejó de acompañar. Y aún así, después de tanto sufrimiento, golpes, compañeros heridos, apresamientos, torturas y amenazas, seguimos luchando. Ante los ojos de algunas perdimos la batalla, cerraron esa ventanita del alma, nos quitaron Radio Caracas Televisión y le dieron un golpe a la libertad, esa libertad que tanto se regocijan haber alcanzado en plenitud en este bicentenario de la independencia. Un bicentenario triste y olvidado, porque en realidad hay muy poco que celebrar, aún los sueños de los próceres no se han concretado. Seguimos siendo dependientes, ahora de otras naciones, de otros imperios, nos han vendido y lo peor es que nos hemos dejado.

Te pedimos perdón Venezuela, por dejar que te pasaran tantas cosas. Te pedimos perdón pues en ese momento crítico fallamos, fuimos vencidos de una manera injusta y arbitraria. Pero esa fue solo una batalla, ahora es que queda lucha. Pero cómo no nos hubiese gustado a nosotros que no hubieses tenido que pasar por esto.

Ha pasado el tiempo, muchos de esos estudiantes de aquellos tiempos ya hemos crecido, hemos aprendido más. Algunos están gordos y con hijos, otros no alcanzaron a ver cómo estás ahora, cayeron el camino. Pero siguen otros y seguiremos los que quedamos prendidos a un sueño. Todos sintiendo el mismo deseo, defendiendo los mismos ideales y llevando la frente en alto.

Aquí estamos, los hijos de Dios, descendientes de Eva, venezolanos todos, con la esperanza intacta, los mismos deseos, nuevas y viejas generaciones que parecen tener un solo corazón que palpita al ritmo de un Gloria al Bravo Pueblo. Todos, los mismos que por ti seguiremos luchando, aquellos hermanos de manos blancas...

¡Estudiantes!
¡Altos panas!

domingo, 24 de abril de 2011

Producto de un tierno deseo

Imagino como sería repetir infinitamente un día específico, o varios de esos de mi vida en los que te he visto. Revivir esa dicha hermosa de tenerte a unos cuantos metros, a un par de centímetros. Tener de frente ese rostro tan hermoso, chocar nuestras miradas en un juego donde solo yo participo, pues me es incierto si tu sientes lo mismo, si eres partícipe de este sutil entretenimiento.

La distancia que nos separa, físicamente equidistante, desde un plano sensorial dictado por el amor se vuelve incierta, pues aunque exista la misma cantidad de kilómetros y de metros desde donde tú estas hasta donde yo me encuentro, al cerrar los ojos y materializar tu esencia en mi mente, se vuelve inmensamente mayor al dejarte escapar de mis pensamientos, miro al horizonte y no te encuentro, solo suspiro y creo que te siento.

Qué manía esta la mía de lanzarme a los brazos del amor tan sólo. Amores eternos que nunca comienzan y que jamás terminan. Sabrá Dios si es por la falta de una sonrisa cómplice o la cobardía infinita de un ser tan tímido incapaz de romper algunas reglas hechas para ser destruidas.

Pero los milagros existen, el omnipotente juega de mi parte, de tu parte y de aquella que beneficia al absoluto universo. Ese día, esos pocos momentos han pasado por algo, por una razón, el solo hecho de conocerte debe ser considerado como una bendición, mucho más si viene acompañada con toques y aromas de amor. Sublime sentimiento, lleno de ternura y leves desvanecimientos que en un abrir y cerrar de ojos te suben y te bajan del cielo.

¿Cómo darle fin a una historia, la cual para mí ha tenido un leve comienzo? Te pienso y quiero seguir escribiendo, hasta que pueda relatar, no con mis manos sino con mis besos, los eventos fortuitos que nos depara el tiempo.

Tengo los pinceles y tú el lienzo, juntémoslos y pintemos nuestro propio universo, uno lleno de colores adornado con los sonidos del viento.

Donde no tendré necesidad de pasar las noches inmerso en mis recuerdos, ni de pedirle al supremo que repita los tiempos donde solía admirarte con un silencioso deseo, y tenerte en mis manos, sentirte en mi pecho como una realidad, como aquel maravilloso ejemplo de que el amor existe y puede hacerse perfecto, donde no existen las distancias ni los malos sentimientos, solo un "tú y yo" envueltos en un abrazo feliz, eterno.