Te he estado soñando tanto últimamente. Todas las noches mi mente se esmera en crear un nuevo escenario para nuestros encuentros furtivos. Morfeo confabula con los ángeles y logra materializarte a mi lado y ya no sé lo que se siente dormir solo. Qué sentimiento tan puro y divino saber que estás conmigo.
Praderas de colores, arco iris y flores llegan a tapizar lo que alguna vez fue una cruda madera, el telón se levanta y comienzan a rodar las historias. Muy largas o muy cortas, en realidad no importa, a veces se pierden los finales y se transforman en obras inconclusas pero infinitas, provocando que la imaginación produzca cualquier desenlace posible o imposible sin importar los límites de la realidad.
Un pequeño tacto contigo despierto y puedo imaginarme recorriendo toda tu carne, besando todo tu cuerpo de una manera respetuosa y amable, pues no existe cabida para un desacierto, soy sumiso a tus deseos. No hay necesidad alguna de ir más allá sin tu consentimiento. Los sueños son infantiles y el amor cuando se muestra es inocente e ingenuo. Me siento tan tuyo aún cuando estamos en mis inexorables terrenos.
Terceros van y vienen, interrumpiendo el secreto, tratando de inmiscuirse en los eventos, opinando, apareciendo y desapareciendo pero no importa, al final solo representan papeles secundarios, simples terceros. En mis sueños, en los nuestros, no caben otras historias, tú y yo somos los protagonistas, dueños y señores de este pedazo de cielo.
¡Ay! En realidad te he soñado tanto últimamente, te has adueñado de mis pensamientos, desde que te conozco hace ya tanto tiempo, vas y vienes pero eres tan libre como el viento, tanto que no te tengo.
No imaginas cuánto te quiero, lo digo y sonríes, no hay miedos, salvo a despertar, ineludible presentimiento. Saber que cuando abra mis ojos esto no habrá sido más que un cuento, que cuando te vea de nuevo, comparta tu silencio, respire de tu mismo aire y esté bajo tu mismo techo, tu corazón no latirá por mí, tendrá una barrera de hierro.
No quiero despertar, lucho pero no puedo, volver a la cruel realidad, alejarme de este preciado lugar, mi pedazo de cielo, donde puedo ser yo contigo, donde el mundo es tuyo y mío, donde no hay desperfectos. Pero alguien baja el telón, vuelve el suspenso y me despierto lejano, confuso y disperso, sabiendo que no eres mía, que no te tengo, queriendo volver a aquel lugar, al teatro de los sueños.
Praderas de colores, arco iris y flores llegan a tapizar lo que alguna vez fue una cruda madera, el telón se levanta y comienzan a rodar las historias. Muy largas o muy cortas, en realidad no importa, a veces se pierden los finales y se transforman en obras inconclusas pero infinitas, provocando que la imaginación produzca cualquier desenlace posible o imposible sin importar los límites de la realidad.
Un pequeño tacto contigo despierto y puedo imaginarme recorriendo toda tu carne, besando todo tu cuerpo de una manera respetuosa y amable, pues no existe cabida para un desacierto, soy sumiso a tus deseos. No hay necesidad alguna de ir más allá sin tu consentimiento. Los sueños son infantiles y el amor cuando se muestra es inocente e ingenuo. Me siento tan tuyo aún cuando estamos en mis inexorables terrenos.
Terceros van y vienen, interrumpiendo el secreto, tratando de inmiscuirse en los eventos, opinando, apareciendo y desapareciendo pero no importa, al final solo representan papeles secundarios, simples terceros. En mis sueños, en los nuestros, no caben otras historias, tú y yo somos los protagonistas, dueños y señores de este pedazo de cielo.
¡Ay! En realidad te he soñado tanto últimamente, te has adueñado de mis pensamientos, desde que te conozco hace ya tanto tiempo, vas y vienes pero eres tan libre como el viento, tanto que no te tengo.
No imaginas cuánto te quiero, lo digo y sonríes, no hay miedos, salvo a despertar, ineludible presentimiento. Saber que cuando abra mis ojos esto no habrá sido más que un cuento, que cuando te vea de nuevo, comparta tu silencio, respire de tu mismo aire y esté bajo tu mismo techo, tu corazón no latirá por mí, tendrá una barrera de hierro.
No quiero despertar, lucho pero no puedo, volver a la cruel realidad, alejarme de este preciado lugar, mi pedazo de cielo, donde puedo ser yo contigo, donde el mundo es tuyo y mío, donde no hay desperfectos. Pero alguien baja el telón, vuelve el suspenso y me despierto lejano, confuso y disperso, sabiendo que no eres mía, que no te tengo, queriendo volver a aquel lugar, al teatro de los sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario